14-11-2017
El ADN contiene toda la información genética de nuestro cuerpo y proporciona una identificación única de la persona permitiendo a los científicos analizar sus variantes para poder conocer las posibles enfermedades hereditarias que puede afectar a las futuras generaciones.
La mayoría de las veces tras la muerte de un ser querido los familiares deciden enterrarlo o incinerarlo sin decidir antes si conservar o no el ADN de la persona fallecida, lo cierto es que es una practica poco realizada en nuestro país pero que permite prevenir futuras enfermedades en los descendientes.
La extracción y conservación del ADN debe realizarse lo antes posible tras la muerte de la persona dado que si esta es enterrada el ADN se fragmenta debido a la descomposición y en caso de ser incinerado el cuerpo es sometido a tan altas temperaturas que destruyen toda la información genética haciendo imposible su recuperación.
Gracias al ADN conservado es posible compararlo con los de los familiares y permite a los científicos identificar patrones comunes que por ejemplo podrían indicar que somos más o menos propensos a padecer un determinado tipo de cáncer. Estos patrones benefician que podamos recibir tratamiento preventivo y revisiones más periódicas para no llegar a padecer grabes problemas de salud en el futuro.
La conservación del ADN es un nuevo servicio que las funerarias pueden ofrecer a sus clientes, el cual suele ser desconocido para la mayoría de las personas y representa un nuevo nicho de negocio en el cual competir en un sector que cada día ofrece nuevos retos.